27/05

Que despiertes con luz

tibia,

reflejo ocre del sol en la arenisca de Atenas

dorado de las lámparas de aceite de Damasco,

la vida que bulle en todas las civilizaciones con que sueñas.

Que despiertes con luz tibia y el roce tenue del ángel que cumple su tarea.

En la tarde de los ochenta conociste el gran bosque de pinos y trinos, y permaneces

aún con la boca tan abierta que se te escapan latidos;

sea esa siempre tu fascinación verde y madera piel adentro,

Que despiertes con luz,

nosotras vamos en un velero hacia el oeste, hacia el malva del final de la noche,

es nuestro color, donde acaba el sueño,

donde nos extinguimos: para ti el espacio donde la brasa se mantiene cálida, y sea

el amor vertido sobre el mundo

la capa que cubre el paso primero

de tus días.

Anuncios

Almas en pena de Hamuriya

Hoy no voy a estar de cara,

aplazado quede para mañana este otro dolor nuevo,

que pueda quitarme la camisa descosida de arañazos

el llanto de los oídos, almas de cañón,

y dormir de pie diez horas o recostarme en la piedra.

Aguarda, Intissar, que no puedo hacerte llegar mi pan para ti y tus hijos nuevos,

aguarda, alma mía, Intissar Hezzam,

que se nos agolpa el dolor

en nuestra puerta

recién barnizada

en nuestro mantel recién levantado.

Hoy no voy a estar de cara con ustedes:

almas en pena de Hamuriya, corredor de muertas inminentes,

 

niños negros desarmados de la periferia de Buenaventura,

 

niños negros desmembrados.

 

Hoy voy a recogerme el alma de los pies y a quemar

los periódicos doblados sobre la mesa,

que tengo que hacerme nacer

y aprender a andar, y el idioma común para entender esto,

que tengo una noche para hacer de mí una estatua de barro

y darle vida.

 

Aguarda amor, dame un suspiro, que trague y digiera,

no me alces la voz, que no oigo, no me agarres que soy humo:

deshecha alma hoy

hasta mañana.

Pacifícame

Pacifícame,

tú con tu mano, despójame

del peso de la ciudad, el pecho surcado de todas las carreteras, el plomo del día fundido en las venas.

Que no soy de acero y el acero me vence

que no soy ya dulzura y la dulzura me falta,

.                        todo el peso sobre las costillas que resistir no pueden

.                        que saltan crujiendo como el mimbre seco al paso

.                        de la gran rueda.

Nada o poco te cueste, es tu don:

pacifícame,

.                          vocación de paloma, ave del silencio,

bendecida seas por la diosa calma de los ocasos,

bendecidas tú y tu sosiego.

Baste tu mano sobre el corazón, baste siquiera la ilusión de tu mano

su idea como bálsamo intrínseco al anuncio de tu presencia.

Que no puedo con la bala de todas las guerras,

que heredé otras almas ajenas: taracea de mármol y cenizas,

sombras yertas de otras causas.

Que el dolor quiere anidar como un buitre de piedra.

Pacificame, aunque jamás lo merezca.

En él el canto

[En Viena bailaré contigo

con un disfraz que tenga

cabeza de río.

¡Mira qué orilla tengo de jacintos!

Dejaré mi boca entre tus piernas,

mi alma en fotografías y azucenas,

y en las ondas oscuras de tu andar

quiero, amor mío, amor mío, dejar,

violín y sepulcro, las cintas del vals]

 

 Frag. Pequeño vals vienés. F. García Lorca

 

 

sucedió en él el canto, el trino sobre su labio:

un cielo paladar de glicinias abriéndose paso entre los grises a golpes

 

dejaré mi boca entre tus piernas

 

a diez milímetros de la piel la palabra acontece y hace agua

lo que toca,

-la distancia resuelta,

abolido el temblor previo-

y no habrá otro lugar a dónde ir

en este día

más que a ti

adentro de ti -donde el sosiego habita-

 

se hizo en él el canto

-susurro, habré de decir

aliento, habré de decir-

y en esa voz:

un casi nada de saliva dejado como un copo fresco en la hierba

una huella leve de corremolinos

el vello erizado tras el paso de la corriente,

 

y valga eso como herencia de esa hora

sobre el resto de las horas.

Agua, pájaro, piedra

Dejó en el aire

humo de un incienso y flores-vapor, además un

poema de piedra

azotada por el agua y pájaros

hechos de papel

posa aquí tu mano,

y pluma;

una lucha violenta, presumida inútil y desde la primera luz

hecha danza: ah, es para mirarla y mirarla

posa aquí tu mano, reposa.

Y un pájaro, un cabecilla, recita un

poema sobre piedras, negras, en túmulo,

nacidas negras para levantar un catafalco, un

poema con piedras arrojadas a un charco y

cada onda un verso, ¿así se escribió la Historia?

Nada puede ser tan arbitrario, posa tu mano

sobre mi cuerpo, créeme

cabe mi cuerpo bajo ella.

Qué poema en piedra

confortable y dulce, desecho en la lengua.

Un pájaro

dejó en el aire un poema de piedra y sé que no puedes creerlo, decía cosas sobre una mano que alivia el dolor y la tristeza enquistada y decía

no es casualidad que existas tú y tú en mí con tus alas

dándome aire en el calor de los dos,

nada puede ser tan arbitrario, posa tu mano

sobre mi cuerpo, créeme

cabe mi cuerpo bajo ella,

reposa sobre las piedras y seamos inmortales

en ellas.

Ave fugaz, crea

otra metáfora para mí que

me las bebo y las respiro, y unos versos como ondas concéntricas

que viajen recién nacidas cuando tocas el agua

con la punta del pico, de la lengua, de los dedos.

Yo digo:

Yo digo:

Te amé en el silabario de tu nombre,

en el origen mismo de la letra,

así de primitivo, estérilmente cosido a la vocal inextinguible.

Cuando fue mencionado, antes de cualquier otro nacimiento,

estaba, estuve, estoy tan vulnerable

viendo venir el eco de esas voces.

Lo que sucedió en esos siglos, en el durante:

un pájaro empecinado contra la ventana,

una niña en zancos deseando morder una nube,

la piedra original haciéndose arena… y ahí escribí tu nombre en una playa

desierta y al amparo del pronto atardecer que oculte el trazo -ah, los límites ignotos de la cobardía-

para que te reconocieses desde el aire tú

que no tienes alas materiales.

Y en ese golpe de cielo tuyo

oía tu voz, un riego nítido,

que no era la flor de un deseo atribulado, que era y sucedió como a esos pastores hambrientos, descalzos, que juran ver una mujer, que la han visto,

clavándose un puñal, sentada en un olivo.

En fin

qué más real que lo que surge cuando no se espera ya nada.

 

Yo escribo,

lo que sucedió en esos siglos:

gentes portando la gran campana de bronce

-nunca se sabe dónde están los muertos

nuestro amor, amor, es un sobreviviente-,

tañidos lentos desde el fondo del valle,

la manzana como metáfora de los corazones mordidos.

Ahora creemos ciegamente en las apariciones marianas,

ahora porque te elevas sobre la hierba y dejas

caer luz sobre la sombra,

hambrientos y en harapos creemos por la inercia

de la desesperanza.

 

Y juro:

que te amé en el silabario de tu nombre

cuando alguien decidió que fuese dado,

que en la curva de las letras celebro triunfos y fracasos,

como viendo cruzar a un velero por el asfalto.

Y juro que te amé en el silabario de tu nombre,

que lo digo en voz alta y soplo para que se inflamen las velas y la quilla parta el suelo

y juro

(esta semilla nos queda

esta vocación permanece)

que llegaremos al azul de

el mar

y el cielo.

Aniversario

Dibujo un árbol,

con un nido donde se posan cosas estériles:

como decir un día como si nada,

sólo yo sé cuánto te quise.

De qué servirá el amor si no trasciende, ah, la autocomplacencia.

De qué tanto para uno mismo.

Como beber solo, sin que la propia agua sepa la sed que calma.

Dibujo automático, sin pensar,

sólo el grafito inundando el papel.

El árbol se está secando, se le resquebraja el tronco,

habré de dibujar de mí también el remedio.

Hago estas cosas para ocupar el tiempo de algunas soledades, que no estén ociosas, doliendo sin maldad pero doliendo. Dibujo con los ojos cerrados, luego todo es fascinante.

tengo una cicatriz de la forma

del lago Baikal,

pero su agua no es tan fría

sumérgete en ella.

¿Preparas ese tipo de frases? Ya sé, claro que las preparas. Pero ¿las escribes? ¿les haces correcciones? Tus borrones son también hermosos.

Tu cara de fracaso es hermosa también, tanto como la de júbilo ¡qué objetiva es mi atracción por tus facciones! estoy perdido sin remedio.

Mi mejor amigo es un viejo de ochenta y pico, parido antes de la guerra, que me cuenta a veces del hambre y de un viaje en barco, y esa es mi vida, la que vivo a través de su relato. También tus historias me interesan, pero el presente no es concreto ni admirable, pienso que siempre podemos echarlo a perder. No confío en mi capacidad para los cuidados, no sé velar por nuestro día ni por el relato que haces de nosotros. Lo siento. No me hagas caso, sólo es que tengo miedo. Ahora podrían comenzar a caer bombas.

4 de marzo

4 de marzo y los soles subsiguientes,

esa es la fecha que me tatuaré,

quizá unos soles en fila, cada vez más tenues, menos definidos, que se vayan apagando ¿puede hacerse eso con la tinta? es una metáfora, ya sabe. Una metáfora en la piel, para mí. Me dolerá, seguro, mucho menos que su muerte. No se preocupe. No pare hasta el final.

Para muchas cosas hacemos

una ceremonia, también tú.

Inconsciente, pero ceremonia repetida.

Brindis solitarios.

Abrazos al vacío.

Diálogos revisados palabra a palabra.

Viajes fugaces al lugar común, casualidad fingida, búsqueda del último hálito.

Hacemos una ceremonia, porque,

seguro,

hay tanto que celebrar.