Célebre andando

La celebración de que existes alguna vez

célebre andando entre gente sin rasgos,

pátina indeleble de la calle,

se vuelve tan necesaria…

 

Y la huella sutil de tu paso

es tan linda, y el sol iluminando tanto el interior de mis costillas

es tan deseable…

 

Es que existes, que yo te he visto

es que insistes

una vez y otra en la belleza

como irrenunciable forma de estar en el mundo.

 

Es que me duele la piel que tocó por azar la piel tuya

y que soy radiante y tenue, pero sí,

menos tenue cada vez

y más radiante.

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La herida y la flecha

Estrella vibrante,

as de guía,

espérame en el novilunio

y atraviesame el tejido

las costuras de la carne, el vestido,

la melodía de tu vuelo y espérame en el novilunio,

rasgadura dolorosa

punta de sílex.

 

Que sangro, mírame que sangro y

me tuerzo de emoción, me elevo de puntillas,

flecha bendita,

mírame que soy la herida abierta,

franquéame que están dentro de mí

los latidos,

las plegarias de perdón,

todas las ganas de amar

de la tierra.

 

Atraviesame el tejido que te deseo

fieramente y no te temo y muéstrame,

flecha soberbia,

todo el dolor que arrastras cuando

hiendes el aire.

24/09

Acude mano cálida y ocrerojizos de liquidambar

aunque tiene en el alma

un millón de golpes, un bosque quemado y

ceniza en los ojos.

Te espero toda la vida, igual

ya estoy perdida y al fondo de mis recuerdos propios,

leyendo una foto que no conocía.

Las aves que se van al sur poco tienen que añorar,

un hemisferio tan sólo,

míralas volar cielo abajo deshaciendo aire.

Una piel de dolor no abriga los huesos, cariño, lo siento.

Pero

acude ocrerojiza

con toda la tibieza y rescoldos de amor para

salvarme el fragmento de vida que se hundía

ya casi fuera del alcance de los rayos de sol

agua abajo deshaciendo sal.

Di la palabra tan sólo, no pesa nada,

esa que llevamos escrita

en la frente.

Ni tan cerca

Ni tan cerca si la echamos de menos,

ni tan lejos si aún la recordamos,

digamos que está, Olatz, en todo tiempo:

poniendo claridad entre las cortinas,

despertando las plumas de los pájaros,

pies azules andando por el aire,

gritando lo que quiera que Olatz cante.

Ni tan cerca si la echamos de menos,

ni tan lejos si aún la recordamos,

digamos que Olatz está.

Eso es todo.

Que el abrazo es inherente a tus brazos

Si el alto césped acaricia el bajo de los pantalones

y gira la rueda de una bicicleta levantada y suena el giro entre las cigarras

si hay un murmullo de algún agua corriente y una corriente propensión

hacia tu cuerpo,

tomo conciencia:

que el abrazo es inherente a tus brazos y tu pecho,

no hay remedio, que es

para dejarse ir hasta el sueño sutil del mediodía

para aflojarse el alma y parte del cuerpo,

que el abrazo es inherente a tu espalda y

a tus piernas,

y más

inseparable de tus ojos,

que saben también rodear los cuerpos

como rodean y acogen los dedos de una mano

un corazón

y lo ayudan a latir,

como si nada.

Pajarocantor

Sobre la tierra esparcida como grano

permanece la nota proyectada en los destellos primeros de la mañana.

Esa es la esperanza:

el oído abierto,

que te escucho y vibro un poco

para todo el sol y hasta la noche.

Una pluma se queda

cuando el ave se ha alzado,

liviana

pequeña

imprescindible,

sobre las almohadas y las frentes elevadas al cielo de color.

Pajarocantor,

están aquí,

aquí

tus semillas y tu agua.

Mano primera de septiembre

La mano primera de septiembre

de aire azul y murmullo

aferrada a toda la tierra. Segunda piel revistiendo

como un musgo y tú

trémulo de frío ante el espejo,

no miraste el calendario y claro,

te golpea el nuevo mundo y también ella con su flor en la boca

con su vestido y dudas

franquear la puerta

de salida

del búnker.