De cuando el sol se hace mandarina y se desgaja

De cuando el sol se hace mandarina y se desgaja

desolado sol en cuarto menguante…

H. pide verbalizando

guan mandarain, plis,

junto al bosque y piensa en los árboles que no se conocen

habiendo compartido pájaro y niebla.

(Eclipse fuera de lugar provocando desmayos en el congreso de astronomía y H.

presentando rama a rama, qué gran anfitriona.)

De cuando eso ocurre entre otras cosas

tenemos diapositivas color mandarina en la memoria

y de cuando agarró un cohete

por donde suelta las chispas y atravesó la estratosfera diciendo: verás, nube, esta es tu hermana.

De cuando A. dice guan mandarain y el sol se hace mandarina

y se desgaja.

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Así puede acabar una tarde

Así puede acabar una tarde;

olas livianas, impulsos planetarios, el lucero en su lugar concreto.

Así que acabe con nombres dejados en la arena, que se borren si a las pocas horas

quiere crecer la marea.

La escritora escribió algo simple hasta el extremo y luego rasgó la hoja pero

el poema estaba memorizado ya sin remedio;

algo de tanto no estás que eres cualquier que se bañe

a contraluz,

algo de cualquier forma tramposa al ojo que hace la forma tuya, cualquier voz que hace tu palabra.

Así que acabe con un desarreglo gramático aceptado en

el universo de esta playa agonizante y naranja,

y por los impulsos planetarios.

Escribo ahora yo pobre de nos si la arena testifica y nos delata

en esta hora en que perdemos el criterio

y de tan bucólico aire el propio mar se desala,

es esa la teoría de la escritora: así llora el mar

dejando precipitar su sal hasta el fondo,

renunciando a sí mismo y haciéndose asumible a nuestra boca.

Así puede acabar una tarde, firmando de grafito en la línea sutil,

delgada y definitiva

del horizonte.

27/05

Que despiertes con luz

tibia,

reflejo ocre del sol en la arenisca de Atenas

dorado de las lámparas de aceite de Damasco,

la vida que bulle en todas las civilizaciones con que sueñas.

Que despiertes con luz tibia y el roce tenue del ángel que cumple su tarea.

En la tarde de los ochenta conociste el gran bosque de pinos y trinos, y permaneces

aún con la boca tan abierta que se te escapan latidos;

sea esa siempre tu fascinación verde y madera piel adentro,

Que despiertes con luz,

nosotras vamos en un velero hacia el oeste, hacia el malva del final de la noche,

es nuestro color, donde acaba el sueño,

donde nos extinguimos: para ti el espacio donde la brasa se mantiene cálida, y sea

el amor vertido sobre el mundo

la capa que cubre el paso primero

de tus días.

Almas en pena de Hamuriya

Hoy no voy a estar de cara,

aplazado quede para mañana este otro dolor nuevo,

que pueda quitarme la camisa descosida de arañazos

el llanto de los oídos, almas de cañón,

y dormir de pie diez horas o recostarme en la piedra.

Aguarda, Intissar, que no puedo hacerte llegar mi pan para ti y tus hijos nuevos,

aguarda, alma mía, Intissar Hezzam,

que se nos agolpa el dolor

en nuestra puerta

recién barnizada

en nuestro mantel recién levantado.

Hoy no voy a estar de cara con ustedes:

almas en pena de Hamuriya, corredor de muertas inminentes,

 

niños negros desarmados de la periferia de Buenaventura,

 

niños negros desmembrados.

 

Hoy voy a recogerme el alma de los pies y a quemar

los periódicos doblados sobre la mesa,

que tengo que hacerme nacer

y aprender a andar, y el idioma común para entender esto,

que tengo una noche para hacer de mí una estatua de barro

y darle vida.

 

Aguarda amor, dame un suspiro, que trague y digiera,

no me alces la voz, que no oigo, no me agarres que soy humo:

deshecha alma hoy

hasta mañana.

Pacifícame

Pacifícame,

tú con tu mano, despójame

del peso de la ciudad, el pecho surcado de todas las carreteras, el plomo del día fundido en las venas.

Que no soy de acero y el acero me vence

que no soy ya dulzura y la dulzura me falta,

.                        todo el peso sobre las costillas que resistir no pueden

.                        que saltan crujiendo como el mimbre seco al paso

.                        de la gran rueda.

Nada o poco te cueste, es tu don:

pacifícame,

.                          vocación de paloma, ave del silencio,

bendecida seas por la diosa calma de los ocasos,

bendecidas tú y tu sosiego.

Baste tu mano sobre el corazón, baste siquiera la ilusión de tu mano

su idea como bálsamo intrínseco al anuncio de tu presencia.

Que no puedo con la bala de todas las guerras,

que heredé otras almas ajenas: taracea de mármol y cenizas,

sombras yertas de otras causas.

Que el dolor quiere anidar como un buitre de piedra.

Pacificame, aunque jamás lo merezca.

En él el canto

[En Viena bailaré contigo

con un disfraz que tenga

cabeza de río.

¡Mira qué orilla tengo de jacintos!

Dejaré mi boca entre tus piernas,

mi alma en fotografías y azucenas,

y en las ondas oscuras de tu andar

quiero, amor mío, amor mío, dejar,

violín y sepulcro, las cintas del vals]

 

 Frag. Pequeño vals vienés. F. García Lorca

 

 

sucedió en él el canto, el trino sobre su labio:

un cielo paladar de glicinias abriéndose paso entre los grises a golpes

 

dejaré mi boca entre tus piernas

 

a diez milímetros de la piel la palabra acontece y hace agua

lo que toca,

-la distancia resuelta,

abolido el temblor previo-

y no habrá otro lugar a dónde ir

en este día

más que a ti

adentro de ti -donde el sosiego habita-

 

se hizo en él el canto

-susurro, habré de decir

aliento, habré de decir-

y en esa voz:

un casi nada de saliva dejado como un copo fresco en la hierba

una huella leve de corremolinos

el vello erizado tras el paso de la corriente,

 

y valga eso como herencia de esa hora

sobre el resto de las horas.

Agua, pájaro, piedra

Dejó en el aire

humo de un incienso y flores-vapor, además un

poema de piedra

azotada por el agua y pájaros

hechos de papel

posa aquí tu mano,

y pluma;

una lucha violenta, presumida inútil y desde la primera luz

hecha danza: ah, es para mirarla y mirarla

posa aquí tu mano, reposa.

Y un pájaro, un cabecilla, recita un

poema sobre piedras, negras, en túmulo,

nacidas negras para levantar un catafalco, un

poema con piedras arrojadas a un charco y

cada onda un verso, ¿así se escribió la Historia?

Nada puede ser tan arbitrario, posa tu mano

sobre mi cuerpo, créeme

cabe mi cuerpo bajo ella.

Qué poema en piedra

confortable y dulce, desecho en la lengua.

Un pájaro

dejó en el aire un poema de piedra y sé que no puedes creerlo, decía cosas sobre una mano que alivia el dolor y la tristeza enquistada y decía

no es casualidad que existas tú y tú en mí con tus alas

dándome aire en el calor de los dos,

nada puede ser tan arbitrario, posa tu mano

sobre mi cuerpo, créeme

cabe mi cuerpo bajo ella,

reposa sobre las piedras y seamos inmortales

en ellas.

Ave fugaz, crea

otra metáfora para mí que

me las bebo y las respiro, y unos versos como ondas concéntricas

que viajen recién nacidas cuando tocas el agua

con la punta del pico, de la lengua, de los dedos.