Amanecer naranja

Llega el fin de la noche

canta un gallo,

quizá La Traviata

quizá una de

Battiato,

qué polifonía si se suma con el grillo fiestero

que apura la última copa.

La zanahoria asoma la cabeza  tierra afuera y

qué amanecer naranja

debe venir un adelanto del otoño y sus hojas no escritas,

asoma la cabeza tierra afuera y

que alguien me tire de los pelos que quiero ir

al jugo de la mañana.

 

Qué panorama nos recibe…

¿sabes?

no nos quita el sueño que seas incapaz de verlo,

está sucediendo, eso es todo.

De la boca nos nace un bostezo malva que ruge al planeta:

vamos, hoy, con más fuerza,

no dormimos casi nada,

nos estábamos queriendo a la luz de las estrellas.

 

Esta es la canción del gallo

ahora la reconozco,

¿dónde la habrá aprendido? qué bravo que

renuncia a la doctrina del kikirikí.

Las sábanas quieren

ondear como locas,

nada extraordinario,

el viento es una caricia que mueve el molino de nuestros brazos

y trae

aires de café de las vecinas.

Espera, otro beso, espera

otro abrazo

por si no nos encontramos en la gota

pequeña

lenticular

que ya está regando la tierra.

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