Respiro

Tras mecer las copas de las ramas de los nidos altos,

tras

acariciar la vocación canora de los campanarios,

viene,

airecito espirado cordillera arriba

(allí donde las pezuñas restallan salvajemente en la grava suelta)

allí espirado

(donde moran los cóndores y

algunos dioses y

algunas diosas)

y venido altura abajo bruma,

bruma que ha de venir abstractamente

no alma y cuerpo de bruma,

no,

idea de la bruma tan sólo,

aquí te esperan ansiosos

pulmones anhelantes de cambiar

la noción de humo de ciudad bombardeada por

algunos otros dioses o

algunas otras diosas.

Aire sin cuerpo de aire y

sin alma de aire

aire abstracto, aire no para respirarse,

aire para ser tomado

en bocanadas, serenamente flotando boca abajo

sobre el agua.

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