Por allí se sale

Cayendo al surco que dejan las lágrimas

del sepelio de las sombras

del suicidio colectivo,

colándose a la boca de la tuba

de la orquesta marcial o en las trompas

de los elefantes que pueblan la cenefa

de la pared infantil,

convirtiéndose en ruina, en escombro polvoriento,

en la huella del carro blindado.

Por allí se sale.

Entrándose a un poro de la piel de los hermanos,

a través del dulzón pistilo

de la última flor viva

está la entrada a los ocultos pasadizos,

en el hueco de las manos,

en el alma de las ánforas,

la ciudad se yergue sobre un pulpo de túneles que llevan

a otra ninguna parte

y a ese último aleteo de aire respirable

se arriba nadando hacia el negro de una pupila.

Por allí,

empequeñecidas,

indignos,

no puede ser de otro modo

que dejando brevemente atrás al cuerpo,

por allí se sale de Alepo.

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