No me parece mal que una monja aborte

No me parece mal que una monja aborte

si por firme designio o por despiste divino

el espíritu santo se transmuta

pongamos que en sacerdote,

sacristán o

butanero

creando una situación controvertida.

No me parece mal que utilice ruda, perejil

o más sofisticados sacros beberajes

antes de que la evidencia provoque las envidias

de las hermanas en el convento.

No está mal barrer bajo las alfombras del templo

el rastro de polvo que deja la hipocresía

cuando esta se toma como cimientos

cuerpo y cúspide de los catecismos.

De verdad, no está mal que una monja tenga

un resquicio de derechos y de voluntad propia

cuando ya se ha negado las voluntades todas,

los placeres mundanos.

No me sorprendería en absoluto

que a la entrada del señor obispo

solemne al comienzo del oficio de la santa misa

aparcara por momentos las habituales salmodias

para gritar arrancándose la toca

“nosotras parimos, nosotras decidimos”.

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