Soterrada declaración

Quería decirte que

igual

podrías dejarte abducir por el platillo volante que

sobrevuela mi cabeza las noches de luna plena y que

sólo hace falta que no lleves zapatos,

 

las vistas son formidables.

 

Verás nene, llega el invierno y yo

sé hacer sopa, caliente, reparadora y quería decirte que

tengo dos cucharas,

no sé,

por si un día quisieras o

por si un día

quisieses.

Salgo a pasear las tardes al paseo litoral y me siento bien

frente al mar y me siento

en un banco descascarado

-el noveno banco-

allí donde hay un árbol de copa ancha

justo frente a la roca grande,

allí donde se agolpan la sístole y la diástole,

-estaré a las siete-

es un buen lugar para no hacer nada y quizá,

pequeño,

nos encontremos por casualidad.

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