Iktsuarpok

Hoy -en este lugar fue que te conocí, después de tres años que te conocía en otros lugares que no eran este- tras el vaho de mi boca busco tu silueta bajar ese caminito que zigzaguea simétricamente, cuatro curvas, dos a izquierda dos a derecha, para desembocar en mi alfombra. Es un sendero breve y sereno, se puede hacer en diecinueve segundos con las manos en los bolsillos y silbando, pongamos por caso, La Cumparsita; luego está esa mata de tomillo alimonado que se deja vencer hacia la grava y que casi, casi siempre pisas. No fue tanto que entraras en mi casa, eso me hizo ilusión, no lo niego, dan fe de ello el par de suaves babuchas invernales que te compré al tercer día. Fue el hecho de que entraras. Y ya. En una tarde cobre nos extendimos sin pretensión en el espacio de dos que se lamían la cara como oseznos con el rostro perlado de escarcha, y ya no hubo vuelta atrás. Yo nunca había mirado tantas veces en una mañana a través de un cristal, y no es que me preocupe, pero no me reconozco en ese lunático que perdió la noción del tiempo y del espacio y deja latir al corazón con un ritmo dulcemente agitado. En ocasiones creo que le noto pulsar moviendo mi jersey de lana y me parece que va a terminar por molestar a algún otro pasajero cuando subo apretado en la guagua en hora punta, o que se va a anticipar a mí y va a llamar a algún timbre antes de que desenfunde mis manos. Hay días en que vive casi a un palmo de mi pecho. Qué cosas, cómo se reiría si lo viera mi corazón de hace unos meses. En la espera también hablo solo, quizá siempre he hablado solo, sólo que ahora escribo un diario mental a viva voz. Cada vez me expreso mejor, puntúo como un periodista de carrera, hago metáforas y hasta me regalo algún pleonasmo. Lástima que sólo yo disfrute de estos soliloquios. ¿Recuerdas cuando jugábamos a que pleonasmo era una enfermedad? La complicación de una pleuritis, el fin último de unos pulmones al garete. Es cierto, te decía yo, es una patología incurable en casi la totalidad de los poetas, y en la totalidad absoluta de los buenos. Te cuento, hoy ha venido a desayunar Marin Marais, como a media mañana, se ve que no tiene despertador o que no tiene gallo, y se ha tomado un café aprovechando que los durazneros dan duraznos y dado que en el siglo diecisiete son más de té negro. Trae tremendas ínfulas con eso de que Luis XIV  le tiene a sueldo en la corte. Estuvo como una hora, luego quité el disco de suites y se esfumó con su melena de magistrado inglés y su viola, que también la traía. Lógicamente me acordé de la película esa que a mí me aburre y a ti te gusta creo que secretamente por el sugerente título, Todas las mañanas del mundo, perdón, que se nos enfada Marin, Tous les matins du monde, luego me vino una fotografía de gente famélica y enfermiza y no pensé más en ello. En esas he estado hoy. Paseando dentro porque fuera llueve. La casa estuvo fría temprano y se fue calentando luego, quizá con mis andares abrigados. Hay un aire otoñal que casi todo el día se cuela con todo su color ocre un poco bajo la puerta y me vino a la cabeza la imagen de un iglú, y aún más, la sensación de iglú. ¿Cómo esperas a alguien dentro de un iglú? Si no tienen ventanas. No hay por dónde mirar a ver si ya llega la persona anhelada. No sé que será peor, si poder atisbar de cuando en cuando a ver si aparece algún sombrero o la punta de un paraguas trizando el horizonte cercano, o esperar sin más hasta que suene el golpeteo en la puerta, una espera ciega. Sólo el pueblo esquimal tiene la clave, ha debido acostumbrarse a las horas muertas mientras el cazador vuelve al fin con una pieza fabulosa para llenar la panza, o a que vuelva con las manos vacías de entre la ventisca, pero que vuelva. No sé si sabes, pero el pueblo inuit tiene una palabra hermosa sin traducción a ninguna otra lengua que explica estas cosas, Iktsuarpok, búscala. Tienen muchas palabras los inuit, como cien sólo para nombrar la nieve, igual exagero pero por ahí andará. Yo para nombrarte a ti tengo varias también: loca, cafre, bonita, petarda, cariño… todas valen para cualquier momento y situación, son, digamos, elásticas. Ahora te espero para decírtelas según entres por la puerta. Todas las mañanas del mundo, ¿imaginas qué agobio? Me viene la frase recurrentemente, menos mal que aún estamos cabales y sabemos no enredarnos más de lo sanamente saludable (pleonasmo pa’ ti). Quererse sin ansiedad, yo tenía la teórica interiorizada, y con nota, pero la práctica se me atraganta. Busca la palabreja inuit y lo vas a entender. Voy a preparar algo de cena, que ya son las cinco de la tarde y sales de trabajar a las diez.

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