Fábula de la compañera

Le dijo

si necesitas dime tan sólo,

          necesito un poco

          de tu savia,

la tendrás porque tengo mucha para darte

fluyéndome como la sangre y

como la sangre, es vital,

no podría vivir sin ella. Mi sangre

no puedo dártela por completo, pero con savia,

con esa tan precisa, puedo regarte,

tengo miles de litros corriendo como un río oculto en el subsuelo.

Y le pidió un poco y ella le dio

y le pidió más y no se secó ella

y de tanta savia hizo él un bosque alto de coníferas

y tuvo más para que luego floreciera

de rojas flores Atacama,

y se alimentó de hojas

y se alimentó de frutos

y nunca se acabó el jugo vegetal que caminaba

en las arterias porque

vivía ella a ratos

con los pies insertos hasta los tobillos

absorbiendo vida

de la tierra.

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