Te conté de la brújula y del astrolabio

Olatz, cada día más lejos

en esa barca que tomaste, más lejos

a cada ola.

Tan sonriente con el aire salino contra el pelo que

sonríen

los albatros girando en espiral,

centrípetos hasta desaparecer en el cielo mismo.

Reinando sobre los siete mares con tiara de coral no,

no te imagino,

gritabas, Olatz:

 

abajo las reinas y las princesitas

vivan las caracolas libres voceantes

la serenidad sabia de las ballenas

el sexo enroscado de los hipocampos.

 

Se nos agotan las orillas,

todas las hemos andado mirando al horizonte en busca

de una blanca vela inflamada recortando

la luz malva de la tarde.

Ya refresca en esta playa

Olatz

te echamos de menos.

Yo que no entiendo tus palabras

igual que no entiendo el canto de las sirenas

siento ahogarme en ellas

y al corazón debatirse

entre la razón y la utopía,

tú en el camino intermedio

remando como si no navegases la duda nunca.

 

Te conté de la brújula y del astrolabio,

de las simas abisales que tocan el centro de la tierra

mientras nadabas en mi boca

-minúsculo pececito,

partícula de arena-

imaginando pecios y una nueva ruta marítima de la seda.

Si vuelves a puerto, Olatz,

fatigados los brazos,

tomaré el relevo.

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