El sabor a café de tu boca.

Hay un modo de volver
-cuando en el día avanzado amenaza el cansancio-
a la hora virgen del amanecer
en que todo está aún por venir
-ilusión a estrenar-.
Es
el sabor a café de tu boca
por siempre atrapado
en el momento en que canta el gallo y el sol
se percibe tan sólo
en la cárdena cúpula del cielo,
en el célebre cielo de tu boca.
Qué sencillo refugio,
qué punto de fuga escapando del lienzo
donde nos trazan, implacables.
Ese sabor,
ese aroma tuyo
-arrastrado desde los campos de Kenia o de Colombia-
viajando de tus labios a los míos,
es la forma más clara y efectiva
de atravesar el tiempo
y el espacio.

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