A contar ovejas.

Hay pensamientos minúsculos.
Tanto que
alegres se precipitan a nadar hasta el lago que
los días de lluvia
se forma en el hueco
de la clavícula.
Margullan y hacen gárgaras,
-un rato-,
luego trepan y vuelvan a casa
oído a través.
Hay pensamientos más grandes
que hacen un ruido grande,
lanzan proclamas incendiarias
elaboran discursos
ríen a mares y un día
mutan,
suben a un barco y se marchan.
Pero los pequeños,
esos minúsculos no terminan de irse nunca,
se les toma cariño distante
como a los párvulos felizmente ruidosos de una escuela vecina,
se les intenta controlar mansamente y sin fruto
como a un caballo felizmente libre y salvaje,
esos, precisamente esos,
le definen a uno
y están siempre jodiendo y
a veces
en la noche insomne
se recuestan codo a codo
a contar ovejas.

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