Tántalo y Mario Benedetti

Hace años, quince años tal vez, por un arranque hermoso de la vida, por un regalo fraterno, prodigioso, entró en mi cuerpo para siempre la voz de Mario Benedetti.
De una cinta de cassette regalada con cariño, con la intención linda de emocionar sinceramente me invadió (como invade a veces dichosamente el amor, es decir, para siempre) un hombre, mejor: el alma de un hombre hecha palabra.
De entre tanta poesía como de él he aprehendido, guardándola dentro, existe un poema, concreto y extenso, que me emociona sin remedio.
“A la izquierda del roble”.
Decía Benedetti a un momento:

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero puede ocurrir que de pronto uno advierta
que en realidad se trata de algo más desolado
uno de esos amores de tántalo y azar
que Dios no admite porque tiene celos.

Pues bien, como si nada me quedé con esa esdrújula ignorada, una de ésas palabritas que me cautivan más que una llana, más que una aguda.
Y la guardé en mi memoria sin buscarla, no me explico aún por qué esa duda atesorada tantos años.
La busco hoy.

Tántalo

Tántalo o tantalio, elemento químico de número atómico 73, que se sitúa en el grupo 5 de la tabla periódica de los elementos. Metal de transición raro, azul grisáceo.
Puede ser que sí, que dijera Don Mario que el amor esa así, raro, azul grisáceo, metálico. Pero:

Tántalo africano, (Mycteria Ibis), ave de la familia de las cigüeñas. La distribución de esta ave abarca la mayor parte del continente al sur y este del desierto de Sahara; desde Senegal hasta Etiopía y hacia el sur hasta Sudáfrica. Habita en las proximidades de los cursos y depósitos de agua dulce, salobre y salada. Se le ve en los estuarios, islas, costas y en las orillas de los ríos. Descansa en lo alto de los árboles.
Y por ahí sí, quizá con su cariñosa voz de abuelo ensimismado y permisivo, quería hacer del amor azaroso una imagen de vuelos, de pluma arremolinada, de huella grácil en la arena.
Pero, ah, querido amigo, Mario Benedetti,
Tántalo va mucho más allá, dándole una sacudida a mi desconocimiento.
Tántalo, como buena esdrújula, nunca defrauda.
Tántalo es la personificación de lo jamás asido, del frustrado deseo.
Tántalo, hijo de Zeus y Pluto, Rey de Frigia, habitante del Tártaro.
Castigado por su osadía al tormento eterno. En lo que actualmente es un ejemplo proverbial de tentación sin satisfacción, su castigo consistió en estar en un lago con el agua a la altura de la barbilla bajo un árbol de ramas bajas repletas de frutas. Cada vez que Tántalo, desesperado por el hambre o la sed, intenta tomar una fruta o sorber algo de agua, éstos se retiran inmediatamente de su alcance.
Así, tranquilamente, como si con siete letras bastase (a él le basta) para definirlo todo, el Maestro, el Poeta, vuelca en una palabra todo ese dolor que es transversal a los ciento cincuenta y ocho versos del poema.
Y me hace volver a beber de la mitología.
Y me hace amar la palabra una vez más.
Y me hace amar la emoción que la palabra crea.

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