Todas tenemos una bala.

Todas tenemos una bala con nuestro nombre
grabado a mano sobre el metal inmisericorde
esperando al momento preciso,
así habló la Dignidad
sumida en la impotencia, chapoteando
hambre y sangre
a la orilla de un sendero entre Cachemira y
Ayotzinapa.
Así habló el tatuaje en forma de herida que le hicieron en la cuna
al
niño soldado.
Así.
Todas somos una diana
subiendo entre humo a trompicones la colina esperando,
esperando,
pasar al otro lado.
No lo olvides,
así habló la Dignidad,
todas tenemos una bala acechante
todas,
con fuerza y fortuna,
podemos fundirla, alimentarnos, hacerla parte
de nuestra carne.

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