Poema largo

Me colgué de una rama
para verte bailar
a pesar de ser ciego
hace quinientos años,
un murciélago amigo
me dice al oído
se mueve tan sensible
con los pies en el techo.

El día que te partí,
-como parte la tierra
un jinete que en la noche
huye de la muerte-,
conocí del dolor
también de la dicha y
aullé como un lobo
abandonado a su suerte.

Musitas poème
con acento de Quebec
y se me caen al suelo
la chaqueta y los años,
me suspiran los ojos
me tiemblan las manos
y río
como un viejo
que vuelve a ser niño.

No debiste nadar
el ártico por verme
sería igual de romántico
cruzar en velero.
Ahora eres azul
a veces lloras hielo,
hace frío no imaginas
lo mucho que te quiero.

Te esperé para darnos
por azar en la calle
el beso en la boca
más largo de esta era,
tú regaste los meses
más sombríos con colores
para que por fin
brotase la primavera.

Qué bien nos vemos ahora
paseando en el olimpo
estás encantadora
con esa blanca toga,
al fin somos dioses
hacemos lo que nos place
andamos en el sueño
lo que el día nos niega.

Vagamente recuerdo
lo que aprendí en la escuela
y si brota de tus labios
tan sólo mi nombre
memorizas mi cuerpo
con todos sus sabores
y tiramos al fuego
la piel que nos sobre.

Si hoy tuviera que irme
a Júpiter o a Marte
con sólo un objeto
como breve equipaje
llevaría papel
donde trazar un mapa
con leves indicaciones
para que me encontrases.

Hay suficiente espacio
para mis alegrías
tienes el corazón
más grande del universo,
el mar susurra y la luna
se quita el sombrero
es el latido perfecto
para acabar un verso.

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