Tango

Son sólo mirlos volando y golpeando
bajo,
bajo el purpúreo techo
calma, I., es
el crepúsculo
tramando alargar la noche naciente hasta las orillas de
Ras Asayr
al modo que estiran la lengua las mariposas.
Más tiempo para esa pareja que sueña bailar
sobre humo translúcido.
Calma, I., ya se retiran las abejas que liban
de las flores de tu vestido,
no debieras temer a lo dulce o a lo amargo.
La música que llega lejana anuncia danza de flamencos
a punto de migrar,
ha de ser
la despedida.
Cuando las estrellas se retiren debes entristecerte
nunca antes,
que caben
mil vidas en la oscuridad serena
de este violín interminable y de tus pies
nerviosos.
Siento que me caigo al fondo de la copa
bébeme pues y baila
por los dos,
pues cabe
en esta noche naciente toda la oscuridad serena
de mi alma.

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