Manos

Muchas veces estoy mirándome las manos
cuando invocas mi presencia
tan lejos
ante un sencillo
altar
de piedra.
Con ojos cerrados
te conjuras con el diablo y
sin más
aparezco
con llamaradas posadas sobre la lengua,
con calor que fundiría los hielos polares donde
en la última glaciación
quedaste atrapada.
Estoy mirando mis manos que miras tú
desde otro lugar del tiempo,
antes de nacer
después de muertos,
pienso:
cabe mucha vida aquí
cabe mucha muerte aquí,
y un trago de agua salada.
Invocas mi presencia,
piensas:
viene,
vienen sus manos,
esas que pueden fundir el hielo polar
en que en la última glaciación
quedé atrapada.
Viene cuando quiero,
desde otro lugar en el tiempo.
Abandona mi mirada la línea de la vida
que surca mis manos en espiral,
me marcho,
en esos momentos
existo.

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