Veinte mil cuervos

Veinte mil cuervos se levantan y no pueden sino oscurecer
el día,
eclipse de otros pájaros, otros aleteos,
nubarrón de cuervos que se deshace como se fragmenta y precipita
un templo griego,
en un diluvio de vino tinto
que mancha
irremediablemente
las sábanas blancas flameantes
en los tendederos.
Es exquisita esta parcial escenificación
del Apocalipsis.
En fin, los sueños son un teatro donde
se escoge al elenco con los ojos cerrados
exactamente
un instante
antes de dormir.
Decías.
Veinte mil cuervos escoges tú,
metáfora con trenzas
eso eres,
en un collage de pieles con olor de sueño profundo
y olor de sábanas teñidas de vino
eres la piel erizada,
así te distingo,
metáfora con trenzas y plumas
en el pelo.
Eso son, en fin, los sueños,
si yo supiera los pintaría en un lienzo y
me tomarían por loca.
Decías.
Una veces duermo boca arriba por si alguien me busca
en aeroplano,
otras veces
cara al suelo, para que no me ahoguen
las lágrimas de las flores cortadas
con que sueño.

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