La flor de Canopo

Quien descubrió la flor de Canopo,
azul cristalino como de azul amatista,
estuvo más allá de todo
ingrávido flotando en medio del universo
lejos de quemarse en las explosiones imperceptibles
de las estrellas que aquí guiñan rutilantes
como si no fueran titánicas y eternas bolas de sobrecogedor calor,
poético averno.

Quién descubrió la flor de Canopo
sostiene que llegó hasta la superficie
desnudo el cuerpo
respirando nada
nada doliendo,
y acarició por un rato el aroma extraño
palpando aroma con los dedos.

Volvió intacto y con mirada de loco
sin libro de bitácora
sin luz azul ni pétalos,
intactos piel y huesos.

Vio la flor de Canopo.
Yo le creo.

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