La adorable incertidumbre

Qué adorable incertidumbre
verte acercar a la tierra en paracaídas
sin saber con qué intención traes
flores en una mano y gasolina
en la otra.
Sueles agitar las banderas y los corazones
inesperadamente
como cuando el huracán
besó la boca de un trombón
pulsado en sol
y pareció una sirena antinuclear
sembrando el pánico igual
que lo sembraste tú la vez que saltaste
el cordón en Florencia
para abrazar al enorme David
porque hacía siglos que no sentías un cuerpo
ni de carne
ni de mármol.
Yo no broté de una cantera en Carrara y siento vértigo
si te observo dormir el sueño de siglos
hecho una gárgola
sobre el cabecero
de la cama,
pero te aseguro que puedo dar calor los meses fríos,
más aún si me haces vibrar
de puro nervio
al ritmo mismo
de tus pulsaciones.

david miguel angel

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