No conozco tu lengua

No conozco tu lengua,
sólo puedo sonreír tímido y lacónico
cuando te comunicas con los perros,
con el taxista negro con franja amarilla,
con tu madre que te llama por una caracola
de mar con arena rucia dentro.
No conozco tu lengua
ni las siete otras lenguas moribundas
que se hibridaron haciendo brotar
entre la hojarasca bajo un castañero
esa lengua tuya
como de lazarillos ciegos
que no pierden la serenidad
cuando casi acaba el día y la luz se precipita
agotada contra el suelo.
Cuando bosquejas inventados trazos
-sublimes ideogramas cuyo significado
me significan cien palabras inventadas
y otras tantas que no me invento-
sobre cualquier superficie
sobre la funda blanca de la almohada
o el aire sólido de los besos,
creo intuir algo
sólo algo o casi todo
quizá por el modo con que sujetas el lápiz
con los dedos.
No conozco tu lengua
y
cuando cantas
tonadas de ese extraño confín donde nacieras,
siento quebrarse algo tal vez costillas
no sé,
algo se rompe en nuestros pechos,
se me precipitan lágrimas como pintura
que va formando cuadros en el suelo,
paisajes, aves, rostros y colores
fragmentos breves de tu país desconocido
así
sencillamente
algo más voy aprendiendo.

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