El inventador

Ya,
no sé tocar el piano
te mentí una vez más
(podría correr hacia la oscuridad,
salir de este espacio de teclas negras y blancas,
correr a la oscuridad refugio de los embusteros)
no sé tocar el piano
-qué vergüenza-
puedo pulsarte las yemas de los dedos
con las yemas mías y tararear al ritmo
que me marque tu mano aflojándose en la mía.
Otra mentira más,
igual que la del astronauta
que bajaba del cielo estrellas como quien baja especias
de un estante.
Es una patología grave,
-permíteme que hermosa-
que me atenaza y me hace inventar mundos que no habito,
personajes que no me habitan pero que comen y duermen
sin pedir permiso.
Habítame tú
por favor te digo que me habites
aunque todo sea falso y entre las costillas no me quede espacio
para que te acurruques a escuchar mis vidas
imaginadas.
Habítame tú, no te demores,
pobre de mí si faltas,
que te he creado.

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