La espalda en la pared

Por supuesto que me entrego
si te plantas y me pones
entre tu cuerpo y la pared.
Por supuesto si me muerdes las heridas y
me sanas con la respiración caliente y te marchas
como si nada.
Me rindo como no me rendiría
ni ante un pelotón
de fusilamiento,
me rindo porque ese vértigo me serena,
además
me obliga la sangre que me hierve
en las arterias.

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