Testamento breve

Si muero en cualquier momento
inesperadamente
por favor que alguien
friegue por mí los platos,
volvería a morirme, de vergüenza.
Tengo algún dinero en el bolsillo
de mi mejor chaqueta,
compren vino,
no lo consagren y rieguen un ramo de besos.
También hay algunos libros buenos
que aún no he leído,
son para quien goce oliendo la tinta,
a veces
sólo hace falta eso.
Tú,
sí tú,
que no vienes nunca conmigo a la Antártida,
si muero de frío recuerda abrigarte
al salir tras mis pasos en las nubes,
no quiero encontrarte azul y gélida en esta nueva casa
no está aquí tu espacio ni tu tiempo.
Si me devoran los lobos no se enfaden
sientan lástima por ellos y su hambre,
al fin soy sólo palabras y huesos.
Pero sobre todo si muero
de un balazo en el corazón
no tapen jamás el agujero,
que se vayan al aire todos los amores
enquistados desde la infancia y se disipen
como una gota de sangre en un charco de agua
que se filtra lento en el suelo.

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