Hassanna

La ciudad gris no tiene ni idea de que el polvo
de que la arena
está llamando a las puertas
de que tiene la llave y sólo golpea la aldaba por educación o prudencia y que
las murallas obcecadas en detener el avance paulatino del desierto y sus tambores
aparecen ridículamente inútiles y crueles ante la mirada de un ser humano que
con todos esos caprichos que son sus derechos
la está llamando absurda a ella y a ese gris plano en que se acuestan
las sombras de los guardas serios.
Qué dolor de cárcel sin paredes
qué asco sus centinelas.

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