A bocados

Estamos abocados
a la derrota o el triunfo
-quizá sea éste más duro de encajar
en el puzzle de inercias túrbidas-
pero abocados sin remedio
a mirar a la vida y a la muerte
como se mira al sol desde debajo del agua
-lumínicas ondulaciones tubulares-
quiero decir:
fascinadamente.
Entre dientes y muelas
estamos
tan dulcemente
a
bocados
en dosis ridículas apenas suficientes
para ligeramente aplacar
la sombra
de la adicción
o
del hambre de milenios.
No hay retorno posible
a la candidez
porque
lejos para siempre de la neutralidad
de los nacimientos
estamos al amor y al odio
abocados.

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