Como un último bastión
no sometido
estoy
a este lado de la
cordillera,
torpemente solo,
jugando con un palito en la arena de la orilla
de un lago heroico en la sequía.
Vaya estampa,
qué filón para la literatura.
Cada tarde antes de la merienda
lanzo señales silbadas al otro lado
al lado ese tuyo,
y anodinamente impar
como el lago
como el palito
me dispongo a ensayar
un modo mejor
un trinado discurso
como de mirlo con sólidos argumentos.
Ah, qué alta cordillera
qué escarpadas barreras
inhóspitas y nevadas,
sería más sencillo si algún momento
me cogieras el teléfono.

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