Poema de Año Nuevo

Espacio sideral, Año Cero,
un nuevo niño soldado ha nacido
en un pesebre de Belén,
José el carpintero recibe a los pastores
sin descolgarse por un momento del hombro
el kalashnikov.
Espacio sideral, Año Cero,
el consejo universal de personas sabias decreta que sigue
sin conocerse el significado
del verbo
amar,
además concluye que aún
a veces
los pajaritos cantan y las nubes
se levantan, entonces
hay un haz de esperanza emanando de algún punto
del cosmos.
A tiempo real podemos saber qué tal día hace
al sur
de Corea del Norte, pero
no hay naves, no hay balandros voladores en el
espacio sideral en el Año Cero.
Se prevé un Big Bang en la Puerta del Sol
cuando tañan la doceava campanada
esparciendo confeti y restos de vidrio como metralla
hasta el último confín
inimaginable,
lo dice un diario proscrito
-también dice
que la palabra alegría no consigue
poner de acuerdo
a los lingüistas-.
Espacio sideral, Año Cero,
la falta de gravedad se perfila
como el regalo estrella del día de reyes,
hay quien ya sale flotando sin cargas,
como bebés en líquido amniótico,
de los centros comerciales;
las ballenas son desorientadas
por los radares de los satélites televisivos y el cielo
se cuaja de neones
antes de la noche y después
de la madrugada.
Espacio sideral, Año Cero,
boas de pluma y corbata,
el mundo se mira al espejo y el desconcierto
lo desarma.

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