Brum.

Con su humo
su brum brum
continúa haciendo su huella negra el visitante de hierro.
Se mira la lagartija ya sin rabo y piensa
“no creo en tanto brum,
pero allá él”.
La casa es de piedra negra hermosa,
toma el café en el porche por las tardes
y hoy entre sorbos dice a su amor
“perdí el rabo otra vez, qué cosas, y qué brum,
cada vez están más cerca”,
“tenemos ésta taza entre las manos, ésta piedra y
un festín de insectos en el horno, creo en eso,
en nuestro tiempo, ahora, aquí”.
No tienen lágrimas
¿para qué ha de servir siquiera el concepto del llanto?
tienen piel áspera para la vida piedra afuera
y piel suave para el amor.
Se enredan como se enredan los reptiles un tanto amputados,
entre risas:
“mira que pisarme el rabo, qué pobre educación”.

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