Crestas “a la funerala”

Las olas van a morir al callado
-no puede ser de otra manera, salvo transgresiones
catastróficas que hagan replegarse al mar,
devorarse a sí mismo
secar su boca-,
como las tortugas,
como astilladas botellas con mensaje ininteligible
decimonónico
cifrado
desesperado,
como las gaviotas que se emborrachan de vidrio y vuelan en círculos
luego en espirales hasta que
llegadas al centro de todo
rinden su vuelo a la inercia suicida y se desploman
en un loor de plumas y espumas.
Las olas van a morir al callado
jamás calladamente,
arrastrando algas y desgastando los cimientos de la ciudad litoral
(morir matando) tan lentamente.
Las olas saben lo que hacen y por Poseidón que no
se cansan
de renacer y remorir,
ni de rescribir el destino de navegantes y leviatanes,
tampoco se guardarán de venir,
crestas “a la funerala”,
espesa y negramente
decididas a enterrarnos con todo merecimiento.

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