29/05

Cuando te rompes de cristal

el deseo llevo translúcido,

el deseo albergo de

que una esquirla de tu sangre sólida, filosa

se me ancle a la barba o las pestañas.

Nada tiene de horrible tu metralla,

que hace bien y riega el sembradío

que es semilla y grano para los pájaros,

que es hermosa la explosión de dolerte silbando música entre las copas

de los pinos,

-amor con trino de rabia-

y aún así

con nuestro ansia voraz toda apretando en el pecho

juramos

no volver a hacerte daño.

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Lo que tengo que decir es

Lo que tengo que decir es esto y sólo una parte de lo que llevo florecido en la garganta

breve y perdido como una nuez en el bosque pardo

pequeño como el corazón de la nuez

como un latido solo inflamando su aurícula.

Lo que tengo que decir es:

Hay algo que eres tú, tumbada con la arena

sin más la arena

compañera de tu sueño, así, pequeña tú, tan de lejos

a golpe de satélite, y ese tú, pequeño

como decía,

cambia el devenir de los pasos destinados del universo.

 

Habría más cosas,

más, muchas, flores en la garganta reveladas en el bostezo irremediable

pero esto es una nuez, el latido del corazón de la nuez

en el bosque pardo.

Y tú con la arena por compañera única

y yo lejos de tus planes y de tu planeta

con mis palabras tan breves.

Es esto lo que tengo que decir,

señoras y señores

del jurado,

yo no sabía nada antes de empezar,

digamos que ignoraba a ella y a la arena,

minúsculas así a horas luz,

digamos que yo tenía más cosas en la garganta, reventando en pistilos y anteras hinchadas,

y no sabía que era un inútil tan necio ni

que su nombre

era impronunciable.

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Fantasma II

Espectro, nebulosa

que bebes juguetonamente dejando un charco en el suelo,

la broma de tu cuerpo de aire

nos sigue haciendo gracia pero

no soportas ya

no provocar miedo nunca cuando apareces sino

cuando

te vas.

Espectro, nebulosa,

siéntate a que te lea a hirviente voz mi decálogo del pánico,

hablo en el prólogo de ti veladamente y está tu resto de vaho

en la portada.

Cuánta evidencia.

¿A qué otros visitas tenebrosamente?

Torpemente te pido lealtad, que yo,

yo no puedo ocultarme

de ti.

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Fantasma

A la puerta de mayo mío sin avisar se presenta

en el corredor

un fantasma

que reclama su merienda y

tal vez

otros favores.

No precisa permiso para franquear la puerta del mayo nuestro y va y viene

y ulula y hace oscilar leve el bombillo colgante, y es húmedo el aire como de otro mes,

y arrastra olor a hierba y tierra y dice:

¿dónde estoy?

¿qué pasa que ya

corporalmente

no me buscas? Que te conformas en las tardes con el humo frío que simula

mi contorno.

Y ulula sonrisas y me busca y traspasa su forma inconsútil y me eriza y no quiero que se marche pero

ya no está a mi lado, ya nunca más

-que permanezco ridículamente terrenal-

su peso ni su espacio.

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Los bosques tuyos

Que no caben

en la cuchara

los bosques tuyos,

ni quemarse pueden haciendo humo azul

en el fondo mismo.

Que no caben y aún los desayuno

clavándose en el cielo

-sus copas punta-

de la boca.

Que rebosan a los ríos y los vecinos valles

que en la mesa se esparcen,

-te relato tiernamente con el quiebro lacio entre dientes de los troncos-,

que exhalo el verde que riegas y provocas,

y que en la sombra que fresca exhalo

me recuesto.

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Alalá de la piedra

Es ley que se hunda la piedra,

que no puede el mar

sostenerla.

Ailalá, lalá

la piedra no puede el mar

¡ay!

sostenerla.

Ni pueden tus alas de ángel

no perderse

tras ella.

Ailalá, lalá

no perderse, mojadas tus alas,

¡ay!

tras ella.

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Casus belli

 

El verbo látigo,

la astenia precoz

la indiferencia imperdonable hacia

la primavera.

¿Qué suena?

La voz

la sombra

la veladura tatuada de los años,

surco, fuego en los trigales,

caballitos de mar enroscados

en la pantalla…

Todo esto suma demasiado.

Alguien dice ¡Basta!

al otro lado de la enredadera,

contagioso como el bostezo:

basta,

y se nace en ti de duro parto

la palabra.

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